Un misil metaliterario lanzado en los años finales de la dictadura militar. Ricardo Piglia tenía mucho que decir y todavía era joven: le bastaron dos meses —y algunas anfetaminas— para escribir esta novela para siempre.
Desde entonces se la discute (se la elogia y se la bastardea). ¿Qué se puede decir que no se haya dicho, que no se haya hiperanalizado?
La historia parece elemental, pero no lo es (resumo): un escritor publica un libro sobre la vida de su tío —de quien, se dice, marchó al exilio junto con una parte de la fortuna de su familia— y luego recibe una carta de éste comentándole que leyó su novela. Entonces comienza una relación epistolar en la que ambos debaten e intentan aclarar malentendidos sobre asuntos de su historia familiar en común y de la historia política del país.
Primer dato: las cartas son interceptadas por un censor, que las lee y trata en vano de destrabar el sentido de la conversación.
Segundo dato: el diálogo se interrumpe cuando el protagonista viaja a visitarlo: el tío, súbitamente, desaparece. Es el año 1980 y no hace falta aclarar por qué algunos se han referido a Respiración artificial como «la gran novela de la dictadura».
Ante semejante desconcierto, se introduce un personaje adicional (un amigo del tío), con quien el protagonista continúa dialogando —ya explícitamente— sobre los solapamientos entre Ficción e Historia.
Creo que por los estados de ánimo de los personajes, por el telón de fondo inevitablemente evidente y la política de perspectivas narrativas que forman el conjunto, esta novela es una cultura en sí misma.
*Reseñas es un programa de lectura compartida y escritura en voz alta de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer, que desde hace dos años pone libros, autores e ideas en conversación con la comunidad. IG @bposvaldobayer. Esta reseña fue realizada por @santiago.holmquist






