A 50 años del inicio de la dictadura más oscura de la historia argentina, los documentos y registros históricos revelan que el 24 de marzo de 1976 no fue un evento improvisado. Fue el resultado de una maquinaria burocrática y militar diseñada minuciosamente desde, al menos, seis meses antes.
El punto de inflexión: El decreto de octubre de 1975
Aunque el quiebre institucional ocurrió en marzo, el andamiaje legal de la represión se cimentó el 6 de octubre de 1975. Bajo la presión de los comandantes, el entonces presidente interino Ítalo Luder firmó el decreto 2770-2/75.
La orden, autorizaba a las Fuerzas Armadas a «aniquilar el accionar de los elementos subversivos».
Como consecuencia, se trasladó el control total de la seguridad interna a la cúpula militar, otorgándoles vía libre para operar en todo el territorio nacional.
La burocracia de la violencia
Para ejecutar su plan, los mandos militares modificaron reglamentos internos para «legalizar» lo ilegal y evitar sanciones internacionales.
Se estableció que no habría trato de «prisioneros de guerra» (evadiendo la Convención de Ginebra) para evitar reclamos por torturas o fusilamientos.
El nuevo Reglamento Militar de 1975 ordenaba no aceptar rendiciones y aplicar el poder de combate con total ferocidad.
Bajo el eufemismo de «Lugar de Reunión de Detenidos», se normalizó la creación de centros clandestinos de detención. Lo que empezó con 6 operativos en 1975, escaló a 814 centros en todo el país.
El cerebro del plan: Batallón de Inteligencia 601
Ubicado en la intersección de Callao y Viamonte, el Batallón 601 funcionó como el núcleo central de información. Su estructura permitía una vigilancia absoluta sobre la sociedad civil:
- Infiltración: Agentes especializados operaban en fábricas, universidades y sindicatos.
- Comunidad Informativa: Un flujo constante de datos entre la SIDE, la policía y los servicios de inteligencia de las tres fuerzas.
- Técnicos de Interrogatorio: Personal militar y civil dedicado exclusivamente a extraer información de los secuestrados antes de derivarlos a los «Comandos de Zona», donde se decidía su destino final.








