En un golpe seco para la industria nacional, Fate, la emblemática fabricante de neumáticos de la familia Madanes Quintanilla, anunció su cierre definitivo. La decisión implica el despido de sus 920 empleados y el cese total de actividades en su histórica planta de Virreyes (San Fernando).
A diferencia de otras crisis previas, esta vez no hay concurso ni salvataje: la empresa bajará la persiana, liquidará sus activos y —según fuentes cercanas— indemnizará al 100% de su personal conforme a la ley.
El «cóctel» que pinchó la rueda
Si bien la empresa arrastraba dificultades, varios factores terminaron por dinamitar la competitividad de la única gran fabricante de capitales argentinos. El ingreso masivo de cubiertas, principalmente de origen chino, fue señalado como el factor determinante. En 2025 se registraron récords de importación no vistos en dos décadas.
Fate denunció una «abusiva sobrecarga impositiva» y sobrecostos derivados de la legislación laboral y la infraestructura deficiente.
Asimismo, la relación con el sindicato SUTNA (dirigido por Alejandro Crespo) fue históricamente tensa, con paros que paralizaron la producción en años críticos como 2022.
La brecha de costos hizo que fuera imposible seguir exportando a mercados clave como Europa y EE. UU.
Desde el Directorio de la empresa emitieron un comunicado breve resaltando su vocación industrial y su rol como pioneros en tecnología de neumáticos radiales. Sin embargo, en el entorno de Javier Madanes —quien también es dueño de Aluar— el clima es de pesadumbre absoluta.
«Hace 30 años que la empresa pierde plata, pero la invasión de cubiertas chinas cambió todo. Es un cierre definitivo: se paga a empleados, proveedores y bancos, y se baja la persiana», precisó una fuente directa a los medios.
El cierre de Fate es la primera caída de una «grande» en este nuevo ciclo económico de apertura comercial. Mientras el Gobierno celebra la baja de precios por la competencia importada, el sector industrial advierte sobre el impacto en el empleo calificado.








