Luis Miguel Rodríguez regresó a Simoca y su presencia volvió a sacudir al fútbol tucumano. A los 41 años, el histórico delantero volvió a disputar un partido oficial en esa ciudad después de más de dos décadas, en una tarde especial que mezcló recuerdos, ovaciones y la exigencia de la competencia.
El estadio Félix María Mothe fue el escenario de una jornada muy esperada por los hinchas. Allí, más de 20 años después de aquella recordada actuación con Unión Simoca —cuando convirtió 12 goles en la histórica goleada 16 a 0 frente a Azucarera Argentina—, el “Pulga” volvió a pisar ese césped, aunque esta vez defendiendo los colores de Ñuñorco.
Desde su ingreso al campo de juego, las tribunas colmadas lo recibieron con una ovación que reflejó el fuerte cariño que mantiene con el público del interior tucumano. Cada toque de pelota, cada movimiento y cada intento del delantero fue seguido con atención por los presentes, en una tarde donde la nostalgia tuvo un lugar central.
En lo futbolístico, el encuentro fue muy disputado, con mucha fricción y pocas situaciones claras de gol. Tanto Unión Simoca como Ñuñorco mostraron dificultades para adueñarse del mediocampo y el partido se volvió trabado, con escasa fluidez en el juego.
El equipo visitante tuvo problemas para construir juego asociado y eso limitó la participación del “Pulga”, que dejó algunos destellos de su jerarquía habitual, aunque sin poder influir de manera determinante en el resultado.
Cuando todo parecía encaminado al empate, llegó el golpe final. En tiempo de descuento, Eduardo Rasgido conectó de cabeza y marcó el 1 a 0 para Unión Simoca, desatando el festejo de todo el estadio.
Con esta victoria, Unión Simoca alcanzó la cima del Grupo E del torneo Apertura “Martín Macheta Robles”, igualando la línea de Concepción FC. Por su parte, Ñuñorco quedó con tres puntos y sumó su segunda derrota consecutiva.
La jornada también dejó algo de tensión en las tribunas, donde algunos simpatizantes expresaron su malestar por el rendimiento del equipo visitante y cuestionaron tanto el funcionamiento colectivo como las decisiones del entrenador Floreal García.
Más allá del resultado, la vuelta del “Pulga” a Simoca dejó una imagen potente: la de un ídolo que sigue despertando admiración y emoción en cada rincón de Tucumán. Pero también dejó en evidencia que, en el fútbol, la historia emociona, aunque el presente siempre termina exigiendo respuestas.








