La campana de cristal cuenta la historia de Esther Greenwood, una joven que viaja un mes a Nueva York por una pasantía que consigue en una revista de moda.
Lo que en principio parece una oportunidad única y un viaje perfecto empieza a contrastar con el malestar y con algunas dudas que Esther empieza a experimentar.
Después de regresar de Nueva York, su percepción de sí misma y de su futuro se va transformando cada vez más y empieza a pasar días sin dormir, sin poder escribir y sin saber qué hacer con su vida.
Este malestar siguió acrecentándose hasta llegar a una crisis profunda que derivó en varias consultas médicas y que terminó en una internación psiquiátrica.
A partir de ahí, la novela se convierte en mucho más que el relato de una crisis. Plath construye, a través de Esther, una mirada sobre las expectativas que recaen sobre las mujeres y sobre las distintas posibilidades que parecen ofrecerse —o negarse— para ellas.
El matrimonio, la maternidad, la sexualidad, el éxito profesional y la necesidad de encontrar un lugar propio aparecen constantemente atravesados por la idea de que cualquier elección implica renunciar a otra posibilidad.
Hay algo particularmente fuerte y crudo en la forma en que está narrado el malestar de Esther.
No se trata solamente de sentirse mal o de no saber qué quiere hacer con su vida, sino de convivir con la sensación de estar cada vez más alejada de aquello que antes parecía tener sentido.
La metáfora de la campana de cristal representa justamente eso: un encierro invisible que la separa de todo y del que no encuentra la manera de salir.
Plath consigue poner en palabras esa experiencia de no poder imaginar un futuro posible cuando el presente ya se volvió demasiado pesado e inmanejable.
La salud mental también atraviesa toda la novela y aparece ligada a la manera en que la protagonista es escuchada, atendida y comprendida durante su crisis.
Muchas de las preguntas que ella plantea sobre el malestar, la posibilidad de pedir ayuda y la necesidad de encontrar un espacio donde sus pensamientos puedan ser comprendidos siguen resultando cercanas.
La novela habla de la enfermedad, pero también de la identidad, de las expectativas, de las posibilidades que una imagina para su propia vida y de lo difícil que puede ser encontrar una forma de habitarla.
La campana de cristal tiene, además, una fuerte dimensión autobiográfica. Plath tomó elementos de su propia experiencia para construir la historia de Esther Greenwood, aunque la novela no sea una autobiografía propiamente dicha. Esther no es Sylvia Plath, pero parte de las vivencias de la autora se transforman en literatura a través de la ficción.
La novela fue publicada originalmente en 1963 bajo el seudónimo de Victoria Lucas, apenas unas semanas antes de la muerte de Plath.
Ese dato, sumado a sus elementos autobiográficos, puede cambiar la manera en que volvemos sobre algunas partes del libro, aunque la novela también puede leerse mucho más allá de la vida de su autora.
*Reseñas es un programa de lectura compartida y escritura en voz alta de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer, que desde hace dos años pone libros, autores e ideas en conversación con la comunidad. IG @bposvaldobayer. Esta reseña fue realizada por @juliginestra






