Este libro es un refugio de dolores montado sobre una historia verdadera: la muerte del padre. ¿Qué hacer cuando se pierde para siempre una forma de comunicación, un conjunto de hábitos que tenían voz y cuerpo? ¿Cómo seguir con lo que queda, ese patrimonio anudado, íntimo y corrosivo; esa manera de reconocer las cosas que nos pertenece tanto como nuestros pies y nuestras manos?
¿Dónde estás y qué hago ahora con tanta vida alrededor?
La herida es tan grande que el libro es cortísimo: pero es como una breve carta para un largo adiós.
Solo una cosa no debe hacerse: releerlo.
Es lo que yo hice.
«Todo lo que hablamos esa noche fue uno de los grandes diálogos de mi vida, porque vi a alguien (a mi papá) aceptando la inminencia de la muerte con una altura y una entereza para la que las películas que había visto y los libros que había leído no me habían preparado.
Me dijo que estaba contento con la vida que había tenido, que la había vivido y que se iba bien, sin resentimientos ni cuentas pendientes…
‘Me hubiera gustado estar diez años más, por ustedes’ y ahí yo ahogué el llanto. Me dijo también que él de algún modo había elegido su muerte, y que no me preocupara.
No quería que le tuviera pena ni lástima. Tampoco quería que yo me pusiera triste; me mostraba, diciendo esas cosas, que la noticia de la propia muerte puede impactar con la fuerza de una redención o de un alivio».
*Reseñas es un programa de lectura compartida y escritura en voz alta de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer, que desde hace dos años pone libros, autores e ideas en conversación con la comunidad. IG @bposvaldobayer. Esta reseña fue realizada por @santiago.holmquist






