En la madrugada de este lunes, el suelo argentino volvió a recibir a Nahuel Gallo. Tras pasar más de un año detenido en territorio venezolano, el gendarme aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, marcando el cierre de un capítulo de incertidumbre para su familia y una gestión diplomática inusual que involucró al mundo del fútbol.
Un operativo de retorno con sello deportivo
El regreso de Gallo no fue en un vuelo comercial ni en una unidad oficial de traslado, sino en un avión de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino).
En la pista lo esperaba su esposa, María Alexandra Gómez, su hijo Víctor y una comitiva oficial de alto nivel integrada por la senadora Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva y el canciller Pablo Quirno.
El fútbol como puente diplomático
Uno de los datos más llamativos del caso fue la intervención de las autoridades del fútbol para destrabar la situación humanitaria. La AFA emitió un comunicado destacando la cooperación con sus pares venezolanos.
“Agradecemos a la Presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, por su disposición para atender esta situación, demostrando que el deporte puede ser un puente efectivo para la cooperación humanitaria”, expresó la institución presidida por el «Chiqui» Tapia.
Además, se reconoció la gestión de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF), que facilitó los contactos necesarios para que el gendarme pudiera recuperar su libertad y regresar con los suyos.








